La doble vida de Bodi

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Isabel trabajaba en limpieza y estaba enamorada de Gerardo, el herrero. Ninguno odiaba a Amalia, pero cuando ésta falleció, la casa vacía se volvió una oportunidad que no podían desperdiciar: ella, por creer ser correspondida, él por ser amigo de lo ajeno. Eventualmente tendrían que abandonar el lugar, en lo que en un futuro recordarían como un momento ingrato entre tantos, pues los herederos de la difunta no se andaban con rodeos y optaron por la vía menos burocrática de eliminar usurpadores.

Pero ésta no es la historia de la disfuncional pareja, ni siquiera la de la pobre anciana, quien resbaló en una ocasión fatídica al salir de la ducha -lo llamaremos “momento x“-y fue descubierta con el rostro negro el día previo a la Navidad; quince horas antes de Nochebuena y, para ser rigurosos, tres días después del primer “ring” del teléfono del living -en principio algo ronco y sorprendido de aún funcionar, desilusionado al rato por no recibir la atención merecida.

No. Ésta es la historia de Bodi, el cachorro tocayo de un actor galán que gustaba a la doña y que yo jamás escuché nombrar. Ni siquiera estoy segura de haberlo escrito correctamente y más aún, ignoro las circunstancias en que el bendito perro llegó a esa casa del barrio de Caballito, donde sería mimado como un hijo hasta que el olor a cuerpo en descomposición y el movimiento de sus tripas le despertarían al lobo -que, no se engañe querido lector- todos llevamos dentro.

Lo encontraron con orejas gachas y ojitos de “yo no fui”, y, tras un meticuloso baño expiatorio fue trasladado a una casa de tránsito, donde recibió un generoso almuerzo tardío y provisorias caricias en la cabeza. Esa misma tarde lo adoptaron los nuevos dueños quienes, lejos de horrorizarse por la situación, consideraron que una mascota para Nochebuena era una señal de lo más prometedora. Hubo incluso especulaciones humorísticas de que se trataba de la versión canina del niñito Jesús. Nadie dudó del golpe de suerte del bicho, que de pasar unos días más no la habría contado. Para ser justos, tampoco contó demasiado. Con la nueva vida vino un nuevo nombre, que no mencionaremos aquí para respetar su privacidad.

El cuerpo de la señora Amalia -por quien ya no había nada que hacer- quedó en manos de la policía por mucho tiempo. Encontraremos consuelo en la certeza de que los esfuerzos por encontrarla fueron fecundos: no pasó las fiestas en soledad.

NATALIA DOÑATE

Imagen: https://www.freeimages.com/photographer/pygment2-34407

4 Comentarios

  1. Hola Natalia, ¡muy buen relato! He leído historias reales así, con gatos o perros que acaban dándole una mordida a sus dueños fallecidos. Historia medio macabra pero con final felíz para Bodi ¡Saludos!

  2. Gracias Ana! Si leíste historias reales así.. le podés sumar ésta (porque pasó en serio y Bodi tuvo una vida larga y feliz)

  3. La realidad puede superar la imaginación de muchos guionistas. Pero a estos les sería difícil contarlo de tan bella como este escrito.

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