Congelado

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Al final, te congelaste. Ahora nunca vas a tener una foto con Tati. Y no vas a conocer al personaje tan peculiar que se volvió el nene de los “ojazos”. Tal vez ya no lo recuerdes, no más de lo que él te recuerda. Pero sabe. Sabe y habla con Burli Burli sobre vos. A veces, Burli Burli sos vos.

Yo prefiero buscarte por la calle. Lo más difícil de conseguir es esa forma rara hacia afuera que tenían tus orejas. Muy esporádicamente aparecen, pero sus dueños no me saludan con un “hola pequeña”. Hace nueve años que no me dicen “hola pequeña”. Es comprensible. “Pequeña” está llegando a los cuarenta. Ya sé los colores del arcoíris, cuántos días tiene cada mes, y que el viento del este es lluvia como peste. Ya no te necesito, pero esa vez que vi a alguien con tu campera me faltó el aire. Y ni siquiera era del mismo color.

Y sueño con vos, mucho. Bueno, ya lo sabés, estás ahí. Tenemos ese acuerdo tácito de que no podés hablar (es sabido que la gente congelada no tiene permiso de hablar) y siempre fuiste respetuoso de las ciencias. Por suerte escuchás. Escuchás “te quiero y te extraño” y sonreís. Sonreís aunque sea triste. Aunque no te guste estar congelado.

La mañana en la que te perdimos justo estaba soñando con vos. Una pesadilla horrible: había “olvidado” a Rafa y volvía a casa desesperada, pensando que había pasado lo peor. Pero estaba a salvo. Lo tenías dormido en brazos, y sonreías con cara de cansado. Y ya en ese momento no dijiste nada (lo que prueba mi teoría). El alivio en el sueño fue interrumpido por la llamada telefónica, pero igual fue una buena despedida. Rafa soñaba a salvo en la pieza de al lado y tu primer visita como congelado había sido para mí (confieso que me habría ofendido si hubiese sido de otro modo). 

No tenemos asuntos pendientes. Es lo que pasa cuando llegas a los noventa y siete. Cada despedida era por las dudas “la” despedida. Y cada foto podía ser la última -al final ganó una en la que estás con un sorbete en la boca haciendo monerías a Rafa, con mamá detrás. No está nada mal y mamá merecía el honor.

Pero quería pedirte, si se puede, que rompamos las reglas un día de estos. Podría preguntarte por la época de Franco (nadie supo contarme qué te pasó ahí) y de paso grabar en mi memoria el “hola pequeña”, pues me temo que después de tanto tiempo se le infiltró mi propia voz. Pero, por sobre todo, ando buscando una excusa para verte. Para contarte que yo no me congelé. Para que me conozcas otra vez.

NATALIA DOÑATE

Imagen: https://www.freeimages.com/photographer/brianc-29833

3 Comentarios

  1. Natalia, nos interesa publicar un relato tuyo cada 15 días en Masticadores. Te dejo mi email y lo hablamos si te interesa saludos Juan re crivello

  2. Hola Juan, me encantaría, muchas gracias por tenerme en cuenta. Soy nueva en esto (literalmente 3 días) y no sé cómo funciona, ¿qué tengo que hacer?

  3. Hola Natalia La idea es publicar cada 15 dias, pueden ser textos ya publicados o nuevos, te ponemos en una lista y te llega un email la semana anterior como recordatorio, (aunque lo ideal es que tu tengas tu agenda y lo envies a este email fleminglabwork@gmail.com. Lo ideal entre 600 y 1200 palabras y en formato word. Las imagenes las ponemos nosotros. Luego te pondremos en la parte de Masticadores colaboradores (puedes verlo aqui) Dudas? Envia un e mail para comenzar el contacto saludos Juan https://masticadores.com/autores/

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