Ema

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La pequeña quería un hámster. Con ayuda de su hermano mayor buscó fotos en la computadora y decidió que el suyo sería blanco y marrón. También aprendió cómo cuidarlo. Necesitaría una jaula -preferentemente de plástico, pues había unas muy bonitas de colores- comida, agua y virutas de madera. No debía tocarlo los primeros días o podría matarlo del susto.

Recordó que les gustaban los túneles.

—Mamá. ¿Me podés guardar el cartón de los rollos de papel higiénico?

La madre asintió, creyendo que se trataba de un proyecto escolar.

Semana a semana fue juntando más y más tubos, que pegó con cinta adhesiva para hacer un gran circuito en forma de ocho, al que se accedía mediante un pequeño agujero en la base. Le pareció algo tosco, así que lo pintó de colores y le puso un cartel de bienvenida.

Finalmente, tomó una hoja del cuaderno del colegio y armó una lista de sus tareas y responsabilidades hacia la nueva mascota:

  • PEINARLA
  • BANIARLA
  • ACARISIARLA
  • JUNTAR CACA Y PIS
  • SERBIRLE COMIDA
  • CANTARLE CANSION PARA DOMIR
  • LIMPIAR LA CASA
  • DESPERTARLA A LAS DIEZ Y MEDIA (MAÑANA)

Se encontraba decorando la hoja con dibujos y corazones cuando su hermano la llamó desde la habitación. Había encontrado un video interesante sobre cómo amaestrar roedores. Un mundo de posibilidades infinitas se abrió antes sus grandes ojos. Agregó “Enseñarle trucos” a la lista.

La pequeña quería un hámster. Nunca se lo compraron.

Igual le puso “Ema”.

NATALIA DOÑATE

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