Llenando huecos

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Los recuerdos de la infancia suelen tener rasgos oníricos; rostros desdibujados, lugares que ignoramos dónde quedan o cómo hemos llegado a hasta ellos, personas que ya no pertenecen al mundo de los vivos e incontables espacios en blanco.

Me hallaba en el cuartito de herramientas de la casa de mi abuelo. No sé por qué razón -o falta de ella- estaba sola; era un lugar moderadamente peligroso, con elementos cortantes, aplastantes, perforantes; todos al alcance de mi mano. Una tabla de madera blanca cubría gran parte de la pared. En ella, negros contornos de herramientas, cual sombras independientes de su objeto, delimitaban dónde debía colgarse cada cosa. Al borde de una gran mesa de madera rústica se encontraba un instrumento que se giraba para apretar piezas. Hoy sé que se llama “morsa de banco”, pero en ese entonces era el aprieta-dedos.

Tampoco comprendo por qué hallé la revista. No parece el lugar lógico donde guardar una. De todos modos me senté a hojearla en el suelo. Short de jean y medias blancas en piernas cruzadas. Y recuerdo claramente lo que vi. De no ser por esa imagen, probablemente todo lo demás habría abandonado mi memoria mucho tiempo atrás, como personajes secundarios en una obra en la que muere el protagonista.

Dos avestruces -o tal vez ñandúes- habían quedado clavados en un cerco de púas, probablemente invisible a sus ojos, mientras corrían a campo traviesa. Allí quedaron; los cuellos estirados, la mirada en el horizonte, los cuerpos descarnados y desplumados por el tiempo y los carroñeros. Si la foto estaba acompañada de algún tipo de información, no lo sé. Calculo que era mi época de analfabeta.

Hoy en día me arrepiento de no haber conservado esa revista. No es porque quiera leer la nota, ni mucho menos regodearme con esa escena morbosa. Sólo me gustaría compartirla con alguien más para poder quitarme de encima esa sensación de irrealidad, de vivencia solitaria que se padece cuando se intenta contar un sueño.

NATALIA DOÑATE

Imagen: https://es.wikipedia.org/wiki/Herramienta

9 Comentarios

  1. Hola, Natalia. Te saludo desde la ciudad de Guatemala. Por varias razones, no siempre puedo leer tus cuentos día a día. Cuando reviso mi correo, leo varios para poder acortar la distancia que separa tu pluma de mi vista (y en ocasiones hago trampa, pues me voy por un atajo y leo el del día). Con decirte que, mientras leo algunos de tus cuentos y escribo este comentario, escucho a las cinco de la mañana el pódcast que incluiste hace ya un buen tiempo. Y pensaba: ¿por qué no reúne esta mujer estos relatos en un solo volumen? Te lo sugiero, luego de autocensurarte y autoeditarte, o pide la opinión de alguien en quien confíes mucho y toma en cuenta también los comentarios de tus lectores para efectuar la edición de tu colección y reordenarlos a fin de crear un libro. ¿Qué te parece? Hasta la próxima. JSC

  2. Hola! Gracias por tu comentario! Te cuento, que estoy en eso. Me faltaría unos 30 más para tener un buen tamaño, pero a este paso en un mes, estaría lista para hacer una buena corrección. Incluso estoy charlando con una diseñadora para que me haga una portada. Gracias por tus comentario y por leerme y buen domingo!

  3. Si el tamaño te preocupa por razones editoriales, pues no siempre es una desventaja. Sobre todo si vas a realizar una publicación autofinanciada. Pero si tienes un editor en mente, no siempre representa un obstáculo la relación tamaño/costo/precio, a menos que las políticas editoriales exijan un volumen determinado. Volumen no es sinónimo de calidad necesariamente. Mucho menos, por razones evidentes, cuando de cuentos o relatos breves se trata. Me tomo la libertad de darte un par de ejemplos aquí, sin afán de que esto sea un anuncio, porque estos libros solo circulan en tres países de Centroamérica en formato físico por el momento.
    https://lasmemoriasdeunescribiente.wordpress.com/category/libros-escritos-con-recuerdos-loqueleo-santillana/

  4. Estos libros solo tienen 68 y 82 páginas, respectivamente. A eso me refería. Pero la opción de Amazon es muy buena. Te felicito por tu empeño. Sigue así. Tengo un buen amigo que vive en Argentina; específicamente, en Paraná (Entre Ríos). Que tengas un excelente domingo tú también. Escribo esta respuesta a las 6:00 a. m., empieza a salir el sol y me dispongo a salir para desayunar fuera. En tu país deben de ser ya las 9: a. m. Acá voseamos, pero no solemos hacerlo de primas a primeras. Acá, en Guatemala, los tratamientos, y el voseo especialmente, son cosa digna de un estudio.

  5. Buen relato, creo que todos tenemos esos recuerdos que no se borran. En mi caso fueron imágenes aun más desagradables, una matanza de hombres, mujeres y niños en un lugar de Africa, no recuerdo cuál, recuerdo que no quería mirar pero miré de todas formas. Tengo las imágenes clavadas en el cerebro. Y bueno aparte de eso también tengo bastantes recuerdos que más bien creo fueron sueños pero se sintieron muy reales. Muy buen escrito y muy buen tema, da para mucho. Saludos.

  6. Gracias Ana, me encanta leer otras experiencias. Son vivencias e imágenes que nos formaron y que resurgen cada tanto, muchas veces trayéndonos a nuestro yo del pasado, pues hoy en día, como adultos, seguramente las viviríamos de manera diferente. Saludos y que tengas un buen domingo

  7. Felicitaciones!! Sigue lo cualitativo acompañando al esfuerzo cuantitativo. Cuando se agotarà? Es la gran duda.

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