Juegan las niñas

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Risas y cuchicheos infantiles impregnan la casa. Juegan las niñas. Peinan los alambrados cabellos de los ponis; miman a caprichosas muñecas de grandes ojos violetas. Desfilan sobre mis tacos, tocan música con los cacharros de la cocina, crean mundos de imposibles colores con sus lápices. Atan pulseras, recortan castillos, habitan carpas de sábanas y cocinan presuntuosos platos de masa de colores. Cuerpos ágiles corren en puntillas al jardín, donde adoptan insectos, plantan semillas de uvas que olvidarán regar, dibujan animales con tiza. Vuela al ras de mi cabeza una pelota. Huye el perro.

Al verlas, yo también juego. Soy “Ico, el caballito valiente”, trotando por el bosque con mi amiga Verónica, que siempre elige ser “Preciosa”. Con Laura, revólver de plástico en mano, perseguimos a mis hermanos para arrestarlos. Fabricamos “perfume” con agua y flores con los primos y coleccionamos grillos. También juego sola; armo avioncitos de papel como me enseñó mi abuelo.

Y cuando juego, juega mi mamá. Arrastra a su bebote de plástico, que me resulta algo antiguo y atiende en su consultorio veterinario a rígidos peluches rellenos de Telgopor. Cuenta hasta diez y encuentra a su amiga escondida detrás de un árbol. En el patio del colegio salta la soga, luego huye para que no la toquen, pero tropieza y la alcanzan; es su turno de correr al resto.

En algún lugar ignoto, las abuelas no se quedan afuera. Saltan entre la tierra y el cielo en un solo pie, golpean hermosas canicas, fabrican cometas que no pueden remontar, porque allá arriba no hay viento. Una entre nubes argentinas, la otra entre polacas, corren carreras en bicicleta, dejando fugaces estelas de algodón, como alegres avioncillos acróbatas.

Y pasan las horas, juega el tiempo. Juega con nosotros.

Suena el timbre.

—Tami, ¡te vinieron a buscar!

— ¡Ufa! ¿Me puedo quedar un ratito más?

NATALIA DOÑATE

Imagen: Jamie Taylor, en Unsplash.com | CC0

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